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Me llamo Michael Rodriguez y vivo en el sur de Phoenix, Arizona, en una pequeña casa alquilada en el barrio El Prado.
Trabajo como obrero de la construcción, poniendo ladrillos y levantando losas de concreto desde el amanecer hasta el anochecer para sostener a los dos.
Desde que perdí a mi esposa Ana María en un accidente de tráfico el 2 de abril, nuestra vida ya no fue la misma.
Para un padre, un hijo lo es todo. Es por Patrick que me levanto a las 5 de la mañana cada día.
Pero hoy… hoy me siento completamente impotente.
Mi Patrick, mi pequeño héroe de 5 años, ha sido diagnosticado con tumor de Wilms, un tipo de cáncer de riñón.
El tumor de Wilms es cruel. Comienza en el riñón, pero no se detiene ahí. Crece como una bola de nieve que rueda cuesta abajo.
Primero, destruye el riñón.
Luego, presiona los demás órganos.
Finalmente, provoca un dolor que ningún niño debería sentir jamás. Y si no se trata a tiempo, se extiende por todo el cuerpo.
Ahora, pasa sus días acostado en cama, sintiendo lo que él mismo describe como "un gusano que le muerde por dentro del estómago."
Es como si alguien apretara y desgarrara las entrañas de mi hijo, sin darle ni un solo momento de alivio.
Todo comenzó hace un mes, cuando llevé a mi hijo al Valleywise Health Medical Center, el único hospital financiado por el estado en Phoenix que atiende a familias de bajos ingresos como la mía.
Ambos niños tenían los mismos síntomas: barriga hinchada, dolor intenso y fatiga. Misma edad, mismas señales.
En menos de dos horas, el hijo del concejal tenía todos los exámenes, recibió un diagnóstico y fue incluido en la lista de cirugía ese mismo día.
¿Y para mi Patrick? "Vuelva la semana que viene para programar las pruebas iniciales."
Supliqué. Mostré la barriga hinchada de mi hijo. Expliqué que llevaba días sin dormir por el dolor.
Pero al final, tuve que llevarlo a casa, llorando en mis brazos, mientras miraba por la ventana del autobús cómo el otro niño se marchaba en coche, con su tratamiento ya programado en una clínica privada.
¿Cómo le explicas a un niño que el sistema solo funciona para quienes tienen influencias?
Para cuando finalmente conseguimos los exámenes —tres semanas después— el tumor había crecido considerablemente.
Hoy, mientras el hijo del concejal está curado y juega en el parque, mi hijo apenas puede incorporarse en la cama.
Sus ojos, antes llenos de curiosidad, ahora siempre están cerrados, intentando escapar del dolor.
La cirugía, que habría sido sencilla hace unos meses, ahora es compleja y costosa, muy por encima de lo que yo podría costear.
El peor momento de mi vida fue cuando Patrick me escuchó llorar en el pasillo del hospital. Yo no sabía que estaba despierto.
"Papá, ¿por qué el hijo de ese señor vale más que yo?"
Algo dentro de mí se rompió en ese instante. Porque no tenía respuesta para mi hijo.
El tumor de Wilms le ha quitado el riñón izquierdo a Patrick y ha comenzado a propagarse.
Pero los médicos dicen que todavía hay esperanza.
Si actuamos rápido, mi hijo puede salvarse.
Necesita un tratamiento llamado "Terapia SIOP Intensificada": una combinación de quimioterapia avanzada, cirugía y luego un medicamento llamado Inmunoterapia Anti-GD2, que no está disponible a través del sistema de salud público.
Es un medicamento que "le enseña" al cuerpo a combatir cualquier célula cancerosa que quede después de la cirugía.
Cada dosis cuesta $9.000 y necesitará 8 dosis.
Pero el problema no es solo el medicamento. La cirugía debe realizarla un equipo especializado que solo trabaja en hospitales privados.
El costo total del tratamiento es de $75.000, una cifra que jamás podré reunir, por más trabajos que tome el resto de mi vida.
Gracias a Dios y a personas generosas, ya hemos recaudado $65.000 (el 86% del total).
Pero aún nos faltan $9.000, y el tiempo se acaba.
¿Saben qué es lo más doloroso? Ver a mi hijo confiar en mí, creer que papá lo va a arreglar todo, como siempre he intentado hacer desde que su madre nos dejó.
Pero esta vez no puedo solo. Por más trabajos que tome, por más domingos que trabaje.
El tumor está en estadio 3, creciendo rápidamente. Pero gracias a Dios, todavía no se ha extendido a otros órganos.
Si el tratamiento comienza ahora, los médicos dicen que hay un 75% de posibilidad de curación. ¿Eso es mucho o poco? Para un padre, lo es todo.
Pero con cada día que pasa, esa posibilidad se reduce. El tiempo está en nuestra contra.
Iría hasta el fin del mundo por mi hijo. Pero lamentablemente, su tiempo se está agotando.
Los médicos fueron claros: si no comenzamos el tratamiento en un máximo de 6 semanas, el cáncer llegará al estadio 4 y se extenderá por todo su cuerpo.
Por eso estoy aquí, abriéndote mi vida y mi dolor.
Soy solo un padre que daría su propio riñón, su propio corazón, para salvar a su hijo.
Ya vendí todo: nuestra televisión, nuestra vieja nevera, incluso los pocos recuerdos que me quedaban de mi esposa.
Aun así, todavía nos faltan $9.000 para completar el tratamiento.
Si puedes ayudar, por favor hazlo por Patrick.
Por el niño que aún cree que su papá encontrará la manera, como siempre lo ha intentado.
Por Dios, que te guió hasta este mensaje hoy.
Cada donación representa una oportunidad para mi hijo: la oportunidad de correr, de sonreír, de vivir.
Los fondos van directamente al hospital, y cada donante recibirá actualizaciones sobre la salud de Patrick.
Si puedes, te ruego que dones un monto mayor.
Las donaciones pequeñas ayudan, pero el tiempo de mi hijo se agota. Por eso cada dólar hace la diferencia.
Tanto si puedes dar poco como mucho, sabe que mi gratitud será eterna.
Dios ve tu sacrificio, y estarás salvando la vida de un niño inocente.
¿Cuánto cuesta una cena fuera? ¿Una salida al centro comercial? Quizás $50 o más…
Si cada persona que lee este mensaje dona $50, podemos alcanzar nuestra meta en pocas horas.
Por favor, haz clic abajo y realiza tu donación.
Mi hijo, mi pequeño Patrick, necesita de ti para sobrevivir.
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